Rayuela: laberintos y caminos.
"... El Occidente tiene muchas cosas buenas. Entones la idea general de Rayuela es la comprobación de un fracaso y la esperanza de un triunfo. El libro no propone ninguna solución; se limita simplemente a mostrar posibles caminos para echar abajo la pared y ver lo que hay del otro lado..."
Julio Cortázar.
Empezar a hablar sobre este libro es infinitamente problemático. Múltiples son las entradas al texto, pero ninguna es la salida: entrar al texto es sumergirse en un laberinto, caminar por infinitos senderos que se bifurcan en otros senderos aún más complicados. Sin embargo, tal vez sea esa la finalidad del texto, mantenernos, como lectores, en un total y absoluto desconcierto, obligarnos a armar nuestra propia rayuela, nuestro propio juego, sin el cual el acto de leer no tendría sentido.
Barthes habla de recuperar al texto en su juego, "en el paradigma infinito de su diferencia". Para esto, es necesario no ya un lector consumidor, sino "un productor del texto", un lector que acepte el juego y que a su vez lo juegue, que lo interprete, no dándole un sentido, sino aceptándolo en su pluralidad. En cierta forma, la lectura también debe ser plural, pues las sucesivas lecturas de un mismo texto ofrecen nuevos sentidos, modifican otros, despejan dudas y surgen otras tantas.
Cómo ingresar en Rayuela, entonces? Cómo abordar su pluralidad? Es posible jugar el juego de Rayuela sin el riesgo de perderse en sus múltiples senderos? Será posible, al menos, encontrar una salida, para no quedar atrapados en lo infinito del libro? Tal vez exista esa posibilidad, aunque sea ardua la tarea. Sabemos, desde un principio, elijamos el camino de lectura que elijamos, que no estamos ante un libro convencional, sino ante otra cosa: el lector (hembra) no puede dejarse llevar por el hilo de los acontecimientos, sin más esfuerzo que no sea el de leer. Rayuela está concebida para quebrar esa pasividad del lector y para que éste se transforme en co-autor del texto.
Ana María Barrenechea, en su artículo "Rayuela, una búsqueda a partir de cero", señala:
"...La novela ha de presentarse, pues, como materia de gestación, como dibujo fragmentario que invita al lector a participar activamente. Desde la primera página del libro lo sacude y lo irrita (yo diría que no rechaza sólo al lector hembra), lo saca de sus casillas, lo zarandea de uno a otro capítulo, de una escena de amor o de muerte a un texto de Ceferino Piriz o a una nota periodística del Observer sobre los peligros del cierre relámpago...".
Esta forma de plantear la novela, con un nuevo estatuto de lector, una nueva concepción del lenguaje, un nuevo ordenamiento de los capítulos, etc., produce como efecto general una terrible sensación de caos. sin embargo, esto es predecible ni bien se ahonda en la lectura, ni bien uno se entera de que lo que está leyendo está fuera de lo común.
continuará...
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