Rayuela: una novela inquietante II.
Contexto.
El por que de Rayuela y su éxito no se puede entender a 52 años de su aparición, si no se comenta, aunque sea de manera escueta, las instancias socioculturales que ayudaron a que Cortazar realizara una de las obras mas revolucionarias y perdurables.
A comienzos de los años sesenta se vislumbraba en America Latina el desarrollo de un cierto romanticismo político que tiene su base ideológica y su foco de irradiación en Cuba, encarnado en la figura mítica del Che Guevara. Este nuevo movimiento político se desplaza a Guatemala, Perú, Venezuela, Brasil y, por supuesto, Argentina. Este periodo culmina con el fracaso de la guerrilla boliviana y la consecuente muerte del comandante Guevara, en octubre de 1967.
Paralelamente a esta unidad revolucionaria, se desarrolla en La Habana una vanguardia artística, la cual, por una suerte de internacionalismo inorgánico, se desplaza al movimiento juvenil francés, que esta en el origen de los acontecimientos de mayo de 1968 y que la propaganda oficial ha llegado a exaltar como su "revolución cultural". Y el el seno de esta convulsión, es donde tiene lugar el éxito de Rayuela.
En Argentina, a comienzos de los años sesenta, se desarrolla y consolida un espacio que permite la circulación del arte, logrando favorecer el consumo de bienes culturales bajo formas mercantiles. Hay dos fenómenos correlativos a este hecho: el desarrollo económico de los sectores medios del país y la aparición de nuevas figuras sociales que este desarrollo favoreció: el artista profesional y "el masivo publico culto" (publico adiestrado en los códigos culturales de la novedad). Esta profesionalizacion del artista (que en Argentina había comenzado a principios de siglo), se debió a la existencia de u mercado que comienza a expandirse a través de las editoriales. Entre ellas la mas activa fue EUDEBA (Editorial Universitaria de Buenos Aires) que, fundada en 1959, logro la venta de tiradas masivas de los clásicos de la literatura argentina.
Este crecimiento editorial de los años sesenta tuvo una dimensión latinoamericana y genero lo que la critica a denominado el "BOOM", caracterizado, entre otras cosas, por la expansión editorial que se produce con los narradores latinoamericanos (Vargas Llosa, García Marquez, Jose Donoso y el mismo Julio Cortazar). El "BOOM" literario modifica la circulación de los textos y cambia la identidad del escritor, el cual deja de ser "ingenuo" para convertirse en "critico" y "teórico" de su propia practica. Rayuela,en este sentido, es un texto paradigmatico, ya que plantea tempranamente y en forma intensa esta nueva figura de escritor a través de la construcción del personaje de Morelli.
La versión del arte consumista comienza a extenderse rápidamente por la sociedad argentina y sobre esta base hay que comprender la producción de ese momento, mas cuando se habla de rupturas y anticonvencionalismos, y a la difusión que tuvo en el gran publico los nuevos códigos estéticos.
continuara...
jueves, 19 de febrero de 2015
lunes, 9 de febrero de 2015
Rayuela: una novela inquietante
Rayuela: laberintos y caminos.
"... El Occidente tiene muchas cosas buenas. Entones la idea general de Rayuela es la comprobación de un fracaso y la esperanza de un triunfo. El libro no propone ninguna solución; se limita simplemente a mostrar posibles caminos para echar abajo la pared y ver lo que hay del otro lado..."
Julio Cortázar.
Empezar a hablar sobre este libro es infinitamente problemático. Múltiples son las entradas al texto, pero ninguna es la salida: entrar al texto es sumergirse en un laberinto, caminar por infinitos senderos que se bifurcan en otros senderos aún más complicados. Sin embargo, tal vez sea esa la finalidad del texto, mantenernos, como lectores, en un total y absoluto desconcierto, obligarnos a armar nuestra propia rayuela, nuestro propio juego, sin el cual el acto de leer no tendría sentido.
Barthes habla de recuperar al texto en su juego, "en el paradigma infinito de su diferencia". Para esto, es necesario no ya un lector consumidor, sino "un productor del texto", un lector que acepte el juego y que a su vez lo juegue, que lo interprete, no dándole un sentido, sino aceptándolo en su pluralidad. En cierta forma, la lectura también debe ser plural, pues las sucesivas lecturas de un mismo texto ofrecen nuevos sentidos, modifican otros, despejan dudas y surgen otras tantas.
Cómo ingresar en Rayuela, entonces? Cómo abordar su pluralidad? Es posible jugar el juego de Rayuela sin el riesgo de perderse en sus múltiples senderos? Será posible, al menos, encontrar una salida, para no quedar atrapados en lo infinito del libro? Tal vez exista esa posibilidad, aunque sea ardua la tarea. Sabemos, desde un principio, elijamos el camino de lectura que elijamos, que no estamos ante un libro convencional, sino ante otra cosa: el lector (hembra) no puede dejarse llevar por el hilo de los acontecimientos, sin más esfuerzo que no sea el de leer. Rayuela está concebida para quebrar esa pasividad del lector y para que éste se transforme en co-autor del texto.
Ana María Barrenechea, en su artículo "Rayuela, una búsqueda a partir de cero", señala:
"...La novela ha de presentarse, pues, como materia de gestación, como dibujo fragmentario que invita al lector a participar activamente. Desde la primera página del libro lo sacude y lo irrita (yo diría que no rechaza sólo al lector hembra), lo saca de sus casillas, lo zarandea de uno a otro capítulo, de una escena de amor o de muerte a un texto de Ceferino Piriz o a una nota periodística del Observer sobre los peligros del cierre relámpago...".
Esta forma de plantear la novela, con un nuevo estatuto de lector, una nueva concepción del lenguaje, un nuevo ordenamiento de los capítulos, etc., produce como efecto general una terrible sensación de caos. sin embargo, esto es predecible ni bien se ahonda en la lectura, ni bien uno se entera de que lo que está leyendo está fuera de lo común.
continuará...
"... El Occidente tiene muchas cosas buenas. Entones la idea general de Rayuela es la comprobación de un fracaso y la esperanza de un triunfo. El libro no propone ninguna solución; se limita simplemente a mostrar posibles caminos para echar abajo la pared y ver lo que hay del otro lado..."
Julio Cortázar.
Empezar a hablar sobre este libro es infinitamente problemático. Múltiples son las entradas al texto, pero ninguna es la salida: entrar al texto es sumergirse en un laberinto, caminar por infinitos senderos que se bifurcan en otros senderos aún más complicados. Sin embargo, tal vez sea esa la finalidad del texto, mantenernos, como lectores, en un total y absoluto desconcierto, obligarnos a armar nuestra propia rayuela, nuestro propio juego, sin el cual el acto de leer no tendría sentido.
Barthes habla de recuperar al texto en su juego, "en el paradigma infinito de su diferencia". Para esto, es necesario no ya un lector consumidor, sino "un productor del texto", un lector que acepte el juego y que a su vez lo juegue, que lo interprete, no dándole un sentido, sino aceptándolo en su pluralidad. En cierta forma, la lectura también debe ser plural, pues las sucesivas lecturas de un mismo texto ofrecen nuevos sentidos, modifican otros, despejan dudas y surgen otras tantas.
Cómo ingresar en Rayuela, entonces? Cómo abordar su pluralidad? Es posible jugar el juego de Rayuela sin el riesgo de perderse en sus múltiples senderos? Será posible, al menos, encontrar una salida, para no quedar atrapados en lo infinito del libro? Tal vez exista esa posibilidad, aunque sea ardua la tarea. Sabemos, desde un principio, elijamos el camino de lectura que elijamos, que no estamos ante un libro convencional, sino ante otra cosa: el lector (hembra) no puede dejarse llevar por el hilo de los acontecimientos, sin más esfuerzo que no sea el de leer. Rayuela está concebida para quebrar esa pasividad del lector y para que éste se transforme en co-autor del texto.
Ana María Barrenechea, en su artículo "Rayuela, una búsqueda a partir de cero", señala:
"...La novela ha de presentarse, pues, como materia de gestación, como dibujo fragmentario que invita al lector a participar activamente. Desde la primera página del libro lo sacude y lo irrita (yo diría que no rechaza sólo al lector hembra), lo saca de sus casillas, lo zarandea de uno a otro capítulo, de una escena de amor o de muerte a un texto de Ceferino Piriz o a una nota periodística del Observer sobre los peligros del cierre relámpago...".
Esta forma de plantear la novela, con un nuevo estatuto de lector, una nueva concepción del lenguaje, un nuevo ordenamiento de los capítulos, etc., produce como efecto general una terrible sensación de caos. sin embargo, esto es predecible ni bien se ahonda en la lectura, ni bien uno se entera de que lo que está leyendo está fuera de lo común.
continuará...
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